sábado, 12 de septiembre de 2009

Julieta, Carlota y las tijeras


No era la primera vez que Julieta sentía ganas de llorar de rabia. Se elevó la temperatura de su cara, la hinchazón en sus ojos se hizo aún más notoria, y aunque fisicamente no se pudieran ver salir las lágrimas de sus ojos, cualquiera que le hubiese visto la cara habría notado que lloraba. Pero no de pena, sino de una inmensa y bestial rabia. Una rabia poco sana. Hay que decirlo.

Frente a su ojos Carlota, la más hermosa de sus compañeras de curso lucía un atuendo algo perturbador. Por sus muñecas se deslizaban mágicas dos hileras de sangre que goteaban insolentes sobre el piso blanco del baño de mujeres. Con los ojos distraídos Carlota intentaba mantenerse en pie frente a Julieta, la más horrenda de sus compañeras de curso.

En un silencio espectral, la rabia de Julieta y los suspiros finales de Carlota se entremezclaron en una sinfonía caótica, pero imperceptible para los oídos humanos. Los cuerpos estáticos de las jóvenes acompasaban la melodía del día más fatídico de sus vidas.

Hija de puta. Las palabras de Julieta pusieron fin al compás odiosa de sus silencios. Apretó fuerte las tijeras que llevaba en su mano, pensó en pasearlas por el estilizado cuello de Carlota, pero calculó que de esa forma la estrategia del suicidio se le caería al suelo. Las abrió y las hizo sonar, generando un sonido tan agudo que le erizó la piel.

Jadeante Carlota comenzó a caer, primero las rodillas, luego el estómago, finalmente su rostro se deslizó lentamente en las valdosas, que a esas alturas lucian bañadas de sangre, de su propia sangre. Pensó en Julieta y en su fealdad, también pensó en su propia fealdad, esa fealdad que la llevo a la muerte. Jamás se imaginó que vendría la inocente fea a cobrarle todas sus humillaciones, no creyó tampoco, que mientras fumaba a escondidas en el baño, llegaría Julieta la fea a cortarle con fuerza las muñeca con una filosa tijera plateada. Tampoco se vio muriendo sin gloria en el baño del colegio. Será el infierno, pensó. Finalmente, intentó dar un grito, un estallido de voz que delatara a Julieta, pero ya no tenia fuerzas, el último sonido que escuchó fue la risa vengativa Julieta, la fea.

Cuando Julieta notó que Carlota ya no la molestaría más, le puso las tijeras en la mano derecha. Antes de salir del baño no se miró al espejo, porque sabía que era fea y que no necesitaba de la vanidad para andar por el mundo. Atravesó el pasillo en dirección al salón de clases, entró discretamente. El profesor ni siquiera la miró, pero en el fondo de la sala Rodrigo gritó, ¡llegó la fea! y todo el curso soltó una carcajada que le golpeó en la cara. Antes de sentarse miró fijo a Rodrigo y lamento haber dejado sus tijeras en el baño de mujeres.


Este relato, es una colaboración que escribí para el blog Room Of Fear , para que se den una vuelta por allá también.

5 comentarios:

  1. La belleza no solo es externa, en ocasiones lo interno puede superar la belleza a ojos vista; aunque es triste que el maltrato psicologico lleve a extremos tan tragicos, pero el rencor acumulado creo que en ocasiones es tan dificil de controlar que cuando estalla no se mide

    Saludos

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  2. Caray! que feo.
    La verdad es que si humillar a las personas por el hecho de ser feas, se merece eso y más.
    Bueno la muerte no, pero si algo merecido, eso pienso.


    Saludos.

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  3. ¿De dónde sacas tanta inspiración eeh?

    Me ha encantado chico lindo

    Como dices tú, hay personas bonitas por fuera que tienen mas fealdad en el alma para no hacerlas brillar

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  4. Se dice que la suerte de la fea la guapa la desea. En tu post realmente es así.

    Me encantó tu blog y vendré a visitarte. Un saludo,

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  5. Pásate, si aún me recuerdas.
    Y si no me conoces, puedes leer o comentar. U olvidar lo que acabo de escribir.

    http://violetcarsons.blogspot.com/

    "—No sé qué me ha pasado. No te ofendas, pero a veces una se siente más libre de hablarle a un extraño que a la gente que conoce. ¿Por qué será?
    Me encogí de hombros. —Probablemente porque un extraño nos ve como somos, no como quiere creer que somos.
    —¿Es eso también de tu amigo Carax?
    —No, eso me lo acabo de inventar para impresionarte.
    —¿Y cómo me ves tú a mí?
    —Como un misterio.
    —Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca.
    —No es un cumplido. Es una amenaza.
    —¿Y eso?
    —Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.
    —A lo mejor te decepcionas al ver lo que hay dentro.
    —A lo mejor me sorprendo. Y tú también."

    La Sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón

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